Resumen
La autora sugiere que en cierta forma, como resultado de la controversia sobre la enseñanza religiosa, las escuelas han evitado enseñar a los niños/niñas sobre las normas de comportamiento morales y éticos. En su lugar, se les ha enseñado a los niños/niñas que la moralidad es relativa y está determinada por el grupo cultural, racial o étnico al cual la persona pertenece. Enseñamos un “pluralismo moral” que asume que pueden coexistir códigos morales que están en conflicto. Estamos, sin embargo, viviendo en un mundo de creciente interdependencia en el cual necesitamos un código moral universal que gobierne nuestras interacciones. Estamos encajados entre el imperativo de funcionar como una cultura mundial y la creencia de que tenemos que mantener diferentes identidades raciales, culturales y, étnicas. La autora pide que se les enseñe a los niños/niñas sobre sus identidades espirituales, definidas por sus cualidades y talentos divinos, en vez de una identidad basada en características de raza, clase social, fondo religioso y étnicidad. Nos presenta estrategias que padres y maestros pueden usar para ayudar a los niños/niñas a desarrollar una identidad con todos los seres humanos y un código moral común que se pueda aplicar a todo tipo de comportamiento.

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